Día 6 - Contacto (I)
-Hay que contarlo -dijo Estela a Girome.
Ambos estaban alrededor de las cajas traídas de las ruinas del centro. Por seguridad, regresaron a la estación de guaguas el día anterior y omitieron a los demás la presunta desaparición del cuerpo de Sven. Pero Estela no estaba demasiado convencida.
-No creo que divulgarlo merezca la pena -dijo Girome sentándose en la acera, cansado de estar de pie-. Bastantes emociones fuertes hemos tenido ya. Además, no implica nada, el cuerpo pudo salir despedido.
-Pues no lo encontramos en toda la tarde -replicó ella sentándose a su lado-. Y bien que miramos. Si hay aunque sea una posibilidad remota de que siga con vida, los demás deberían saberlo. Levantaría mucho la moral.
Girome suspiró, tumbándose en el suelo y dejando caer su mano en la frente.
-Estela, si… cuando salgamos de esta, lo de Sven no será pasado por alto. La comisión no lo permitirá. Se creará un tribunal, en el que tal vez volvamos a acusarnos los unos a los otros, e independientemente de lo que ocurra después, su muerte nos perseguirá por siempre. Creo que es mejor que lo vayan aceptando y no hacernos… ¿Cómo decís?
-¿Castillos en el aire?
-Eso. Dos hechos objetivos, primero que se quita el sonotone para dormir, y nadie afirma haberle avisado. Y segundo, que la explosión la vimos todos, y a eso no se sobrevive. Ayer sólo miramos sobre los escombros, Estela, es muy probable que siga allí abajo. Y no pienso buscarle. Que se encarguen los militares cuando vuelvan.
Estela se mantuvo en silencio en ese lapso de tiempo en que el amanecer termina y el color naranja se funde con el azul de la mañana. Se subió las gafas con el dedo y, levantándose, añadió que podía estar vivo.
Pero ante el silencio de Girome, se marchó.
¿Irá a contárselo a los demás? pensó. Qué importaba, se había desligado progresivamente del destino del grupo. Nadie contaba ya con él, salvo Estela. Y a ella no es que le diera muchas razones para seguir haciéndolo. Diría que era Estela a quien realmente hacían caso. Sólo tenía que esperar, y esperar…
Al rato volvió ella, sentándose de nuevo a su lado, pero sin mirarle.
-He estado pensando -anunció.
Oh no.
-Eres un cobarde.
-Gracias -dijo él aparentando no importarle.
-Estas situaciones nos ponen a prueba… y yo me he derrumbado a tu lado. Tú me has dado cuatro palmaditas en la espalda y has vuelto a tu cueva mental. Finges que te da todo igual porque de lo contrario tendrías que comprometerte.
-Estela…
-Lo que más me duele de que te hicieras el duro indiferente cuando me puse a llorar es precisamente que lo fingieras, que fueras capaz de entender mis sentimientos y luego los apartaras de un manotazo porque quiebran tu equilibrio mental de “lo que pasa no es tan grave”. Lo que está ocurriendo es grave, Girome. Y están saliendo a relucir razones objetivas por las que pudiéramos no salir de esta. Así que deja la pose de “sólo resta tumbarse en la hamaca y esperar” de una maldita vez.
Se alejó nuevamente, esta vez sin verle ni siquiera de reojo, cabizbaja, de brazos cruzados y andando lentamente.
-¿Por qué me dices todo eso a mí? -alcanzó a preguntar Girome.
-Porque los demás no lo fingen -replicó ella sin detenerse-, son así, me temo.
Permaneció un rato en la misma posición, hasta que maldiciendo se obligó a incorporarse. Chispeaba, se avecinaba lluvia.
¡Maldita sea!
Cogió su abrigo y se dirigió de nuevo al centro, diciendo a los demás que quería estirar las piernas.
No se dió por vencido hasta que le dolían las manos de retirar escombros. Ni sangre, ni ropas… ni tan siquiera en la litera en la que le dejaron. Se cansó de recrear la explosión de forma que quedara así, tenía que aceptarlo.
-¿Convencido? -escuchó tras de sí.
Era Estela.
-Tal vez Sven tuvo tiempo de huír antes de que el centro reventara, y no nos dimos cuenta. ¿Qué haces aquí?
-Los demás estaban preocupados, ya casi es mediodía. Habrás estirado las piernas de sobra.
Girome suspiró.
-Vale, al volver lo anunciaré. Es sólo que no me lo explico… -añadió en busca de una zona que pudiera haber pasado por alto.
-No me gusta -dijo Estela-. Nada de esto.
A Girome tampoco. La situación serpenteaba por derroteros inesperados…



