"Nos dejan" - Crónicas desde el Infierno es una historia novelada por entregas que se actualiza semanalmente, y narra la supervivencia de veinte personas atrapadas en una isla con un enorme volcán al borde de la erupción. Debajo de este texto aparecerán los capítulos más recientes, como en un blog. Si entras por primera vez, probablemente quieras empezar por el principio, o echar un vistazo a la hemeroteca para entrar en situación. Usando el menú de la derecha puedes navegar por toda la narración disponible, en forma de diario. Para más información consulta el apartado "Acerca de". Que disfrutes de la lectura.

Moisés Cabello Alemán

21
Abr

Día 5 - Supervivencia (I)



Girome permanecía refugiado bajo el techo de la estación de guaguas, charlando con sus colegas. Aunque quedarse parecía menos arriesgado, nadie estaba tranquilo. Aún estaban cerca de los restos humeantes del centro y sentían próximo el cadáver de Sven.

Tras la conversación se acercó a la carretera, mirando el horizonte. Estaba terminando de amanecer. Notó que Estela se le acercaba lentamente, mirando el suelo de brazos cruzados. Volcanóloga murciana de cuarenta y cinco años. Unos grandes ojos observaban tras las redondas lentes de sus gafas, en ocasiones ocultos por un fleco castaño. Él fingió no percibir su presencia, pues ella parecía dubitativa, dando rodeos antes de aproximarse del todo. Tal vez no supiera qué decir. Pero que quería hacerlo era un hecho.

-¿Y cómo sabemos ahora si los próximos que vengan son amigos o enemigos? -dijo ella al fin.

-Acaba de empezar el día, no te pongas a pensar en eso -le dijo Girome con pocas ganas de conversación.

-No, claro, será mejor pensarlo cuando lleguen -replicó ella antes de suspirar-.

De pronto, sin mediar palabra, Estela se puso a llorar. El francés dudó unos instantes, y decidió frotarle suavemente el hombro, susurrándole que se calmase. Algunos llevaban mejor que otros la tensión, no podía culparla.

-Mi marido, mis dos hijos… -sollozaba ella.

-Ya… ya… -le susurraba Girome.

-Esto es inhumano, Girome. Ya ni sé si debo preocuparme por lo que mi familia puede estar pensando de mí, o si debería preocuparme por lo que les puede estar pasando a ellos.

Y a mí que me cuentas, pensaba Girome. No se le daba nada bien dar ánimos. El día anterior toda la gente que había conocido en los últimos dos meses se dividió en tres grupos, y dos de ellos desaparecieron de su vista. Pensaba en ellos a cada temblor de tierra. Qué carajo, que le animaran a él.

-Seguro que están bien -se limitó a decir.

Un sonido muy familiar llegó a sus oídos, y Estela le miró con renovado interés.

-¡Un avión!

Girome se puso muy tenso. ¿Qué podían esperar ahora? Mandó a todos levantarse y recoger sus cosas, pues al localizar el avión descubrió con horror que iba a pasar justo por encima de sus cabezas. ¿Les habrían localizado bajo la antigua estación de guaguas? Eso significaría que tendrían una bomba sobre sus cabezas para siempre.

Pero no hubo bomba. Girome contempló sin salir de su asombro cómo se desplegaban unos paracaídas oscuros que contrastaban enormemente con la claridad del cielo. Esperaban expectantes ver la silueta de la persona que descendería con él. La trayectoria parecía tener como objetivo el centro, ahora destruído. ¿Y esa persona sería amiga o enemiga? Pero a medida que se acercaba descubrió que lo que pendía del paracaídas no era un ser humano, sino un montón de paquetes atados.

-¡Va al centro! ¡Vamos! -gritó Estela. Los demás la siguieron de inmediato, lo que unido a la falta de prudencia molestó a Girome.

-¡Eh, esperad! -gritó por su parte- ¡Eso podría ser otra bomba!

-¡O comida! -replicó ella alejándose.

Soltando un bufido de resignación, emprendió la carrera tras ellos. No comenzaba el liderazgo del grupo con buen pie.

En pocos minutos llegaron a los alrededores del centro. Ahora, aunque en ruinas, tenía un aspecto tranquilo. Localizaron el montón de paquetes entre los escombros, pero Estela no acudió con la misma efusividad. Todos se miraban dubitativos, pensando lo mismo: allí yacía Sven. Mi turno, pensó Girome. Se adentró confiado en el área del centro gesticulando para quitar reparos a los demás, aunque él también estaba nervioso. Por su cabeza pasaron turbadoras imágenes de la huída del centro, mientras el pobre Sven se quedaba plácidamente dormido. Casi notaba la acusadora mirada de su cadáver desde donde quiera que estaba.

Rodeó el gran paquete con desconfianza, como si fuera a explotar de un momento a otro. Cuando los demás comenzaron a acercarse también, Girome se relajó. Vio una nota pegada a un lateral con cinta adhesiva, que tuvo que leer de cuclillas:


COMIDA, MEDICINAS Y ALGUNAS ARMAS. HAY GUERRA. ES POSIBLE QUE DESEMBARQUEN TROPAS ENEMIGAS EN LA ISLA. EN BREVE IREMOS A POR VOSOTROS. NO OS MOVÁIS DE AHÍ


-Pues tenías razón -suspiró Girome-. Comida y algunas cosas más -añadió señalando la nota.

-¿Qué pasa? -dijo Estela. Girome le señaló la nota.

Al leerla, Estela se llevó las manos a la cara, sus ojos vidriosos.

-Dios mío…

-¿Y ahora qué te pasa? -dijo Girome lamentando no haber medido su tono de voz.

-Pasa que hubiera preferido un paquete más pequeño y una nota más grande, fransuá -replicó ella envarada.

-Perdón, perdón. Lo he dicho sin pensar.

-Y los demás desperdigados por ahí… tenemos que ir a avisarles -le dijo Estela con las manos apoyadas en la cintura.

-Un grupo ha contado con las indicaciones de un guía, y el otro grupo… tiene al guía. ¿Qué tenemos nosotros?

-¡Joder! -gritó ella con rabia dando un pisotón.

Girome se quedó pensando en una cuestión importante. La cosa se estaba poniendo fea, y la gente hace cosas feas en situaciones feas.

-Estela -le dijo en voz baja mientras desembalaban los paquetes-. Ahí hay armas, ¿sabes si alguno de los demás les tiene digamos, cariño?

Ella hizo una mueca que daba a entender que no tenía ni idea. Al parecer no fue el único en darse cuenta.

-¿Qué hacemos con las armas, una para cada uno? -dijo alzando la cabeza Román Herrera, geólogo madrileño de treinta y seis años. Lo más característico de él era la palidez de su piel. Debía tener parientes nórdicos.

Ya tenemos un candidato, se lamentó Girome.

-Las caja de las armas no la desembaléis. Las guardaremos en la estación, y esperemos no tener que usarlas. No son juguetes.

Román asintió y la dejó a un lado. Fue a preguntarle a Estela que qué le parecía Román, pero al volverse no la vio.

-¿Estela? ¡Estela! ¿Alguien la ha visto?

-Con nosotros no está -dijo Román alzando de nuevo la cabeza sobre el grupo que sacaba las cajas.

-¡Aquí! -la oyó gritar lejos.

Maldita sea esta mujer, se ha adentrado en las ruinas.

Caminó por ellas intentando no torcerse el tobillo. Entonces vio parte del barracón del centro. No había quedado tan dañado, tan sólo se había venido abajo el techo. Vio a Estela de pie mirando los escombros, temiendo que hubiera encontrado el cadáver de Sven. ¿Por qué se puso a buscarlo? ¿Y porqué carajo tenía que enseñárselo? ¡Ya sabía que estaba muerto!

Se puso a su lado, mirando una litera tumbada en el suelo.

-Dormía ahí -dijo ella señalando la litera y los alrededores, volviéndose a poner las manos en la cintura y mirándole a los ojos-. ¿Tú le ves? Porque yo no.

Girome sólo pudo titubear.

7 comentarios to “ Día 5 - Supervivencia (I) ”

  1. fpuga cuenta:

    Me lo he leído del tirón y me ha encantado. ¡Necesito más!

  2. pintas cuenta:

    Moisés, eres un crack, tio. No solo por tus escritos, si no por las campañas publicitarias que realizas. He visto el anuncio de “El color del fin del mundo” y me ha impactado.
    Te invito a que conozcas mi nueva blognovela “Taxi 327″ y me des tu opinión. Mañana 23, día del libro estreno el primer capítulo.
    http://taxi327.creacionespintas.com

  3. Narrador cuenta:

    ¡Gracias por los comentarios!

    Pintas, en cuanto tenga un hueco le echo un vistazo ;)

  4. kevin Báez cuenta:

    Intrigante,… pero ¿donde está el podcast? si lo grabas, te perdonaré que hayas tardado un día más de la cuenta en publicar este capitulo…jajaja :)

  5. Manuel Angel Fernández cuenta:

    ahhhhh, yo quiero el podcast que tengo mono.

  6. Narrador cuenta:

    Pronto los pondré Kevin y Manuel, ando atareado últimamente y no me va a ser siempre posible mantener el ritmo semanal. ¡Pero seguirá! :)

  7. Jonathan cuenta:

    aaa.. necesito mas!!! …

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