"Nos dejan" - Crónicas desde el Infierno es una historia novelada por entregas que se actualiza semanalmente, y narra la supervivencia de veinte personas atrapadas en una isla con un enorme volcán al borde de la erupción. Debajo de este texto aparecerán los capítulos más recientes, como en un blog. Si entras por primera vez, probablemente quieras empezar por el principio, o echar un vistazo a la hemeroteca para entrar en situación. Usando el menú de la derecha puedes navegar por toda la narración disponible, en forma de diario. Para más información consulta el apartado "Acerca de". Que disfrutes de la lectura.

Moisés Cabello Alemán

29
Mar

Día 3 - “Infierno” (II)



Aunque parecía contenida, Cristina estaba muy alterada. Todos lo estaban. Discutían voz en grito alrededor del improvisado campamento que habían montado en la estación de autobuses (o guaguas, como los llaman los canarios y rezaba el cartel) más cercana al aeropuerto.

Ella se había limitado a hacer su trabajo desde que llegó a allí, y no se relacionaba con los demás tanto como Ana. Eso, claro está, tiene sus consecuencias.

-¡Lo tenías en la cama de arriba! ¡Sven estaba en tu propia litera! -la increpó Roberto.

-Yo salí de los primeros -le respondió ella cuan serenamente pudo para no entrar en su juego-, sin mirar atrás. Y sólo llevaba una semana en esa cama, quien ha estado varios meses durmiendo bajo él has sido tú, si hay alguien acostumbrado a su presencia…

-No me jodas… -dijo Roberto gesticulando furioso-.

-Calma, Garzón -dijo Francisco, hasta entonces sentado y callado-, lo último que necesitamos ahora es verte haciendo de poli bueno.

-¿Y dónde estabas tú? -le replicó Roberto-. Tú y Manuel…

-A mí no me metas -dijo este.

-…sois los técnicos y encargados de mantenimiento. Vosotros teníais que haber organizado la huida. Si hubierais hecho vuestro trabajo, ahora Sven…

-Eh, chaval, conmigo no depures responsabilidades -dijo Francisco levemente irritado-. Y ya que lo dices, creo que Ana fue de las últimas en salir. Pero a ella no le dirás nada…

-¿Qué? -dijo esta- Mira, estábamos todos dormidos, confusos…

Ana empezó paralelamente otra discusión, acusando a Girome, quien, indignado, la insultó. Esto enfadó a Roberto, que hizo lo propio vena en cuello.

Viendo el panorama, Cristina decidió poner orden.

-¡Señores! -gritó dando una palmada- ¡Haya paz!

-¿Paz? -dijo Roberto crispado- ¡Ha muerto uno de los nuestros y nadie asume su culpa!

No hicieron caso, y las acusaciones se propagaban como un virus.

-Es inútil -dijo Francisco a su lado. Cristina era la única con la que no solía bromear, quizá por su aparente introversión-, mírales. Todos ejemplares durante la estancia, pero víboras despiadadas cuando algo sale mal y hay que repartirse culpa. Estas son realmente las personas con las que hemos estado conviviendo. Parece el congreso de los diputados en miniatura.

Su comentario la puso más enferma, pues odiaba ver cumplidos tan claramente los peores tópicos sobre la sociedad española que oía de sus compañeros extranjeros.

-¡Cabrones! -gritó de nuevo.

Se impuso el silencio, sin que nadie terminara de creer que aquel grito provenía de Cristina. Hasta Francisco se quedó con los ojos muy abiertos, mirándola a su lado.

-Aquí no está la comisión -reanudó-, así que no hay que quedar bien ante nadie. Lo de Sven ha sido un desafortunado accidente, a la par que un malentendido. Y si hubiera culpa alguna sería de todos, pues todos estábamos allí. Nadie se puede desmarcar de ella. Así que pasemos a cosas más acuciantes, como nuestra superviven…

-¡Ah! ¿Qué pasa? ¿Ya te has erigido líder? -replicó Roberto despectivamente.

-Cierra el pico un rato, William Wallace, que aún no estamos en campaña -le dijo Francisco-, y deja un poco de protagonismo para los demás.

Roberto contuvo su ira en una mueca de desprecio hacia Francisco.

-Gracias -dijo una también sorprendida Cristina-. Bien, está claro que se ha producido un conflicto armado ahí fuera, y desconocemos el alcance. Lo bueno es que han bombardeado la única base militar operativa que quedaba en la isla, a sabiendas de que el resto fue evacuado hace tiempo. Por lo que es muy probable que en adelante se desentiendan de Tenerife.

-¿Y si deciden aprovechar precisamente ese vacío? Una isla deshabitada es una golosina para que instalen una base permanente -dijo Girome.

-No -dijo Ana-, en las demás islas tendrían más recursos, aquí hace tiempo que no hay ni electricidad. Además, no creo que vengan. El bombardeo es estratégico, y supongo que tendrá más que ver con la posición de las islas que con el propio archipélago.

-¡Ni siquiera sabemos quién ataca! -se quejó Andrés.

La discusión se reanudó con animado fervor, esta vez sobre los ataques. Sven parecía haberse esfumado de la conciencia colectiva.

-¡Tenemos dos opciones! -gritó Cristina intentando hacerse oír.

-¿Las que tú digas? -murmuró Roberto con desdén.

-La primera -continuó ignorando a Roberto-, es quedarnos a esperar ayuda. Los militares saben que estamos aquí y aunque se hayan ido, no creo que piensen dejarnos a nuestra suerte. Además, el asunto del Teide sigue siendo de vital importancia. La segunda, es huir a zona civilizada. Desde el otro extremo de la isla tenemos a La Gomera a tan sólo noventa kilómetros, si encontramos en la zona costera balsas o barcos de pesca no tardaríamos mucho en llegar. Y ahora -dijo volviéndose hacia Roberto-, cuéntanos las que tenías tú en mente.

Este se limitó a poner los ojos en blanco, cruzando los brazos y dándole la espalda.

-En realidad se me ocurre otra más -dijo Marcos-. No sé vosotros, pero yo no estoy aquí por turismo. No tenemos satélite así que ya no podemos interpretar datos, y desde esta posición ni siquiera se ve el volcán. Personalmente me gustaría acercarme al Teide, y estudiarlo de cerca. No va a erupcionar mañana.

Algunos aplaudieron la idea de Marcos, otros optaban por salir de la isla, y una porción similar, menos aventurera, prefería esperar ayuda.

-¿Y si nos dividimos? -dijo Marcos.

-Ni hablar -dijo Roberto-. Tenemos que estar unidos, es probable que nos recojan más tarde y no podemos andar desperdigados por ahí. Y recordad lo que pasará si se enteran de que hemos salido del perímetro. Amén de que los demás seremos cómplices.

-Que es precisamente lo que te preocupa -replicó Francisco.

Aquella fue la chispa que prendió a Roberto. Se abalanzó furioso sobre Francisco, que no se lo esperaba, cayendo al suelo e intentando defenderse débilmente de los certeros puñetazos que su atacante le propinaba. Cristina intentó apartar a Roberto, pero se llevó un manotazo de este en la cara. Acto seguido, Girome y otros más tiraron del atacante hacia atrás, que gritaba enfurecido intentando abalanzarse nuevamente.

-¡Llevas tocándome los cojones desde que llegué! ¿Estás contento ahora? ¿Eh, hijo de puta? ¡A la próxima te mato! ¿Me oyes? ¡Te mato!

-Este es el fulano que quería ser líder del grupo -replicó Francisco sacudiendo la cabeza y palpándose el labio inferior, mirando a los demás-. Tenedlo presente.

-De verdad, Francisco, que a veces no eres más gilipollas porque no puedes -dijo Ana sosteniendo también a Roberto-. Estoy harta de verte metiéndote con todo el mundo, te mereces más de una de las ostias que te han dado.

Cristina, ignorando la conversación, se acercó a Roberto y le dio un tortazo.

-Eso por lo de antes.

Roberto se terminó de poner rojo y los demás le sujetaron con más ahínco, pero no reaccionó.

-A ella no le hará nada ahora que no está en plena acción -dijo Francisco-, es una dama y quedaría como lo que es: un perro rabioso.

-Eh, señores, volvamos del patio del colegio -gritó Cristina-, hablábamos de opciones. Marcos sugiere dividirnos y yo estoy de acuerdo. Unos se quedan en los alrededores de la base en caso de que vuelvan a por nosotros, otros nos vamos al sur por si podemos llegar a la Gomera, y un grupo más estudiará el Teide de cerca. ¿Qué os parece?

La mayor parte del grupo asintió satisfecho, y los que no se vieron obligados a aceptar la decisión de la mayoría. El grupo se dividiría finalmente en tres.

Pasaron la tarde organizándolo, y repartiendo provisiones. En general ya se habían convertido en tres equipos, pero Cristina -que lideraba la partida a la costa del sur-, no pudo evitar fijarse en Francisco, que se había quedado apartado de todos, sentado en una acera.

-Ahora vuelvo- dijo a los demás. Se sentó silenciosamente al lado del técnico, que se limpiaba la sangre de la boca con la camisa.

-¿Estás bien? -se interesó.

-Estoy bien -dijo él secamente.

Cuando se ponía así alguien que hablaba por los codos quedaba claro que no obtendría mucho, por lo que prefirió ser parca.

-¿Te has decidido ya por algún grupo?

-No.

Ella asintió en un silencio que duró un par de minutos.

-Roberto se queda -contraatacó.

-Lo sé.

-Si necesitas algo…

-Gracias.

Asintió nuevamente en silencio, incorporándose.

-Si te vienes con nosotros, partimos mañana por la mañana.

La única respuesta fue un leve movimiento de la cabeza.

-Y luego nos llama a nosotros parejita -dijo Roberto viendo a Cristina sentada y hablando con Francisco-. A ella no le ha hecho nunca ni una gracia. Son tal para cual.

-No pueden ser más distintos -dijo Ana también mirándoles-, pero quién sabe. Oye, espero que regresen pronto a buscaros, Marcos está terminando de organizar el recorrido hacia Las Cañadas del Teide, y debería unirme ya…

-Espera, ¿te vas con Marcos? Pensaba que te quedabas.

-He cambiado de opinión, creo que me interesa más el Teide.

Una sombra de decepción cruzó el rostro de Roberto.

-Creo que realmente me evitas -dijo al fin-, y me gustaría conocer el porqué.

-¿Otra vez con eso? Qué tontería…

-Entonces no te importará que os acompañe- replicó Roberto nuevamente animado como si nada hubiera pasado-. La verdad es que también me apetece hacer trabajo de campo.

-¡Estupendo! -exclamó Ana con una sonrisa fría como el hielo.

-¿Nos guiarás? -preguntó Marcos a Andrés tras exponerle su plan.

-Eh… yo… pensaba quedarme, para…

-Andrés, es tu volcán, tú mismo has reconocido pasar a menudo de excursión. ¿No te quejabas de que te ocultábamos información? ¡Ahora puedes estar en primera fila! Además… ¿Y si pasan de nuevo por aquí los malos con otra bombita? Venga, hombre…

Tras titubear un poco más, Andrés finalmente aceptó.

-Vale, iré con ustedes. Aunque realmente no tiene mucha pérdida.

-Pero el tiempo también es muy importante, y nos puedes ahorrar mucho. No te preocupes, si vienen a buscarnos sabrán que estamos allí. La cuestión es que, pase lo que pase ahí fuera, que el Teide reviente o no y sobre todo cómo y cuándo lo haga sigue siendo algo de extrema importancia, y para eso es para lo que nos trajeron. Así que viniendo sigues cumpliendo con tu deber.

-Ya.

-Partimos mañana por la mañana, como el grupo de Cristina. Te despertaré un poco antes para discutir la ruta, ¿de acuerdo?

Un comentario to “ Día 3 - “Infierno” (II) ”

  1. Kevin Báez cuenta:

    Sé que puedo resultar muy pesado, pero me gusta esta historia y el seguir felicitandote. La verdad es que no me esperaba este cambio argumental, aunque lo entiendo. A partir de ahora podrás jugar mejor con los personajes y crear situacuiones distintas. La verdad es que lo único que espero, es que aunque alla muerto (presuntamente), no se olviden de nuestro colega Sven

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