Día 2 - “Desconcierto” (I)
Ana presenció los intentos de los técnicos para comunicar de nuevo con el exterior. Fueron vanos, así que decidió darse un merecido descanso. En teoría saldría de Tenerife al día siguiente, aunque los militares huyeran a hurtadillas con todos los vehículos que podían sacarla de allí. Debía existir alguna buena explicación para todo aquello y suponía que en breve se solucionaría. Pero tardaría en olvidar el disgusto que les dieron.
Cuando despertó, no había novedad. El satélite callaba. Los demás ya tenían creado un plan de contingencia para aprovechar provisiones, por lo que pudiera pasar. Finalmente bajó al salón en el que solían desayunar, encontrándose con muchas caras cansadas alrededor la gran mesa rectangular.
-¿Te has enterado? -le dijo Francisco con una exagerada excitación.
-¿De que siguen sin responder? Inténtalo de nuevo, algarrobo.
Él sonrió.
-Nos has pillado en pleno debate sobre la razón de la ida de los soldaditos -continuó Francisco-. Yo digo que se han ido cagando leches porque Manu no se lava.
-Gilipollas -dijo Manuel, técnico compañero de Francisco y algo más joven que él. No se llevaban mejor por ser compañeros, en cualquier caso.
Otra vez no, pensó ella. Una de las razones por las que tenía ganas de irse de allí era el carácter de Francisco.
-¿Qué sugieres tú, campeón? -le dijo Francisco a Manuel.
-¿Y qué se yo? Cosas internas, militares, me imagino. Lo que hemos comentado antes.
-Osea, nada.
Su interlocutor se limitó a suspirar largamente, cruzándose de brazos y mirando perdidamente la mesa.
-Pues aquí estamos -continuó Francisco-, veinte ciudadanos del mundo atrapados en una isla cuyo volcán, tercero mayor del mundo, amenaza con reventar. Esto va a ser más emocionante que Perdidos.
-Más quisieras -dijo Ana sirviéndose el desayuno-. Seguramente vuelvan hoy. Que se atrevan a dejarme sin relevo.
-Algunos no hemos dormido -dijo Girome-, así que no molestes.
-Oh la la, ¿y pogqué no has dogmidóu? -replicó exagerando su acento- ¿Prguefiegues quedagte aquí con sueño y mal humog sin haceg absolutamente nada?
-Que te den.
-Venga, hombre, al menos aprende a insultar decentemente en espa…
-Ya está bien -interrumpió Ana sentándose con una taza de leche humeante-. ¿Alguien ha visto a Andrés? Parecía muy asustado anoche.
-Nuestro amado isleño sigue durmiendo -dijo Francisco. Él en cambio para no haber dormido hablaba demasiado- ¿Le contáis la cruda realidad sobre lo que le espera a su isla querida, o esperamos a estar todos alrededor del último paquete de cereales mirándonos con ojos entrecerrados?
Así eran los desayunos con Francisco. Él creía que los buscagranos, como llamaba a los investigadores, se guardaban información sobre el estado del Teide que no compartían con los que no tenían relación directa con el estudio del volcán; básicamente Andrés y los dos técnicos, Manuel y él. En cuanto ella terminó su desayuno, subió nuevamente a la habitación. El satélite era fundamental a la hora de observar las condiciones del Teide, ya que apenas podían llevarse instrumental a tierra, pero sin él no tenían mucho que hacer. Y eso sería un problema hasta que volvieran los militares, porque sin la mente ocupada el desconcierto los carcomería.
Arriba se encontró a Roberto, otro geólogo que llegó casi al mismo tiempo que ella. Estaba sentado en su cama, pensativo. Cuatro camas más allá dormía plácidamente Andrés.
-¿Qué tal?- dijo él al verla entrar, con visible interés. En las últimas semanas Roberto la estuvo mariposeando sutilmente, y ella se lo quitaba de encima como podía, pensando que al fin y al cabo quedaba poco para el relevo. Precisamente debido al sistema en que los geólogos se mantenían en la isla aquello era como el show de Gran Hermano; todo se hacía de cara a la galería y dudaba que Roberto fuera sincero en su cortejo. La competitividad se llevaba por dentro.
-Aburrida.
-Qué putada, te ibas a ir hoy…
-Una putada, sí. ¿No te unes a la comisión de investigación que han formado allí abajo? -dijo sin mirarle, simulando desinterés.
Roberto rió y Ana le hizo un gesto para que bajara la voz, pues Andrés seguía durmiendo.
-Lo siento. Ya estuve abajo hasta hace un rato, es una reunión desquiciada por los negativistas de siempre.
-Se incorporó Francisco -dijo Ana como si eso lo cambiara todo.
-El que faltaba. Debe estar en su salsa.
-Eso parecía.
Roberto se quedó un momento mirándola.
-Me esquivas -concluyó.
-¿Qué? -dijo ella todo lo sorprendida que fue capaz.
-En las últimas semanas he notado que…
Unos gritos de excitación llegaron de abajo, lo que les hizo cortar abruptamente la conversación y bajar raudos a la planta baja.
-Es Sven, afuera -les dijo Francisco señalando el pasillo de la entrada antes de dirigirse a él-. Dice que ve humo. Ya os dije que el cambio de clima le iba a sentar mal…
-¡Humo, se ve humo! -gritaba Sven. Era un geólogo noruego, concretamente sismólogo, de sesenta y dos años. El mayor de los investigadores. No hablaba mucho.
-Hace tres años que sale humo del Teide, blancucho -increpó Francisco mientras salía con visible desgana.
-¿Qué pasa? -dijo Roberto saliendo tras él, topándose con casi todos los habitantes del centro.
-No el Teide -replicó Sven-. ¡Las Palmas!
Todos cambiaron la dirección de sus miradas hacia el horizonte, en dirección a Gran Canaria, la isla vecina. Sven tenía razón, tres grandes penachos de humo se divisaban en la línea costera.
-¡Pero no tiene sentido! -gritó Roberto estupefacto.
-No si le buscas origen natural -añadió Francisco con la vista clavada en el horizonte y el ceño fruncido, inusualmente serio.




Marzo 13th, 2008 at 8:31 am
Es una iniciativa genial, espero que te valla bien con ella. Si algun día editas la version de papel, seré el primero en ir a comprarlo. ¡Suerte!
Marzo 13th, 2008 at 12:10 pm
Justamente esa es la idea. Gracias por el comentario
Noviembre 12th, 2008 at 2:25 pm
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